Miguel Barnet: “Entré a ese mundo deslumbrante de las mitologías africanas y me atrapó…”

5 04 2010
Doctor Miguel Barnet

Doctor Miguel Barnet

Por Jorge Rivas

Martí, Guillén y Barnet. Historia y cubanía. Tres paradigmáticas figuras de la cultura nacional que  incentivaron mi interés en establecer un diálogo con el autor de la novela-testimonio Biografía de un Cimarrón, sobre el tema del racismo; en torno al cual los enemigos de la Revolución cubana últimamente han promovido  calumniosas formulaciones.

 Sobre tales injurias, el doctor Miguel Barnet (La Habana, 28 de enero de 1940) prestigioso poeta, antropólogo y ensayista, Premio Nacional de Literatura 1994, dijo: “Recientemente dimos respuesta a las declaraciones que algunos hicieron desde Estados Unidos para condenar  a nuestro país como racista. Ya conocemos de esas manipulaciones que a veces confunden a personas de buena voluntad y a hasta amigos de la Revolución Cubana”.

El Ápostol proclamó: “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”, célebre frase que define la trascendencia del programa revolucionario iniciado en la Isla en enero de 1959. Tales sentencias instituyen igualmente la génesis de la vida y la obra de Barnet.

“Cuba, como ningún otro país de América Latina, ha combatido la discriminación racial con leyes revolucionarias; pero no ha sido suficiente, persiste ese perjuicio latente que  hay que combatir desde el núcleo familiar, pasando por la escuela primaria, la secundaria y la universidad; y también a nivel de la sociedad entera. Contamos con una hueste de escritores y artistas que están dispuestos a luchar en este sentido, pero aclaro que esta problemática trasciende a la UNEAC”, expresó el doctor Miguel Barnet.

“Si el gobierno de los Estados Unidos nos acusa de terroristas… ¿qué podemos esperar? Por eso hay que estar siempre a la ofensiva. Nuestro deber es darles una respuesta objetiva y honesta, como lo hicimos recientemente. La UNEAC nunca ha estado de espaldas al tema del racismo. El primero que lo enfrentó fue Nicolás Guillén a través de su obra literaria y en su conducta civil”, dijo el autor de varios guiones de cine, entre ellos el de la conocida  La Bella del Alhambra, inspirada en su novela Canción de Rachel.

Poeta Nacional, fundador de la UNEAC y su presidente hasta su desaparición física, Nicolás Guillén dejó como legado sus fundamentos humanísticos sobre el mestizaje de la cultura cubana; así como su explícita crítica en contra de la discriminación racial.  De ello, entre otros,  dan fe sus libros Songoro Cosongo, West Indies LTD —con su paradigmática Balada de los dos abuelos—  y Motivos de son.

Y sobre ese patrimonio trasmitido a la vanguardia artística de la Isla por  el gran poeta cubano, se levanta la UNEAC, con sus múltiples proyectos en favor del desarrollo y la consolidación de la cultura cubana.  “En la UNEAC existe una comisión contra el racismo y la discriminación racial que la integran más de 40 estudiosos, escritores y artistas”, dijo el escritor cubano vivo con más obras  traducidas a casi todos los idiomas.

En tal sentido agregó: “Esta comisión tiene un programa de acciones concretas hacia los medios de difusión masiva y hacia la sociedad, para contribuir a la eliminación radical de todo tipo de racismo, y muy particularmente del que se inflige a la mujer y al hombre negro en nuestro país, producto, lamentablemente, de los prejuicios raciales que aún subsisten en la conciencia de algunos cubanos”.

Aunque se crió en un medio ajeno  a las creencias yorubas, desde muy joven Miguel Barnet  se interesó en el estudio del folclore y las raíces de la cultura afrocubana, empeño que le propició relacionarse con prominentes figuras de la etnología en la Isla e integrar , con 21 años de edad, el grupo fundacional del Instituto de Etnología y Folklore. En 1995, en homenaje a Fernando Ortiz , creó  la fundación que lleva el nombre del insigne estudioso y ensayista.

“Yo nací en la barriada del Vedado en un ambiente de clase media de origen español. Mi familia no se caracterizaba por tener creencias religiosas muy marcadas. Éramos más bien liberales en ese sentido. Mi padre tenía ideas socialistas, sobre todo por sus vínculos con la familia de Rubén Martínez Villena y con el propio Villena, en la barriada de El Cerro donde se crió este líder revolucionario. Mi madre era católica, a su manera… nunca la vi en la iglesia; pero era devota de la Virgen Milagrosa desde su ámbito doméstico”, recuerda el presidente de la UNEAC.

“Pero cerca de mi casa existía un solar que se llamaba Miami, ubicado en Calzada y J, que antes había sido un hotel de los soldados de la segunda intervención norteamericana, en el 1906. Aquello era un verdadero muestrario de religiosidad popular cubana, sobre todo de origen africano. Y yo me metí de cabeza ahí, tenía entonces unos 13 ó 14 años de edad. Me interesaba más ese mundo que el de la clase media blanca  y aséptica.

“Allí —agregó— aprendí como se preparaba una sopera de Yemayá, y qué cosa eran un Osaín y un Enganga (1), mucho antes de leer a Fernando Ortiz y a Lidia Cabrera. Y aprendí también a respetar y empezar a amar el legado africano a nuestra cultura”.

El artífice mayor de la literatura contemporánea en la Isla, autor, además de numerosos libros de poesía, crónica, ensayo, monografía,  fábulas y novelas, recordó que años después  conoció  a Argeliers León y a Fernando Ortiz. “Esa fue mi universidad. Entré a ese mundo deslumbrante de las mitologías africanas y me atrapó. Nunca ha dejado de ser un misterio para mí…

“Me había formado —dijo— en una escuela norteamericana y episcopal y el contraste con ese tesoro de mitos, refranes, fábulas, conjuros… me cambió la vida. Hoy, afortunadamente, y gracias a los pioneros en este terreno hay ya un ejército de estudiosos e investigadores que se dedican al tema con más preparación y mayor profundidad. Creo que en el fondo, fue la poesía la que me condujo a ese arcano”.

Para Barnet, la Fundación Fernando Ortiz y la UNEAC, “son como mi brazo izquierdo y mi brazo derecho. Creo que no podría vivir sin ellas. Casi puedo decir que crecí con las dos. Quejarme ¿para qué? No es época de quejas. Hay que asumir el deber histórico que te toca. ¿Que se sacrifica mi obra? Es cierto. Casi no tengo tiempo para escribir; pero cuando escribo, lo hago con una pasión que va acompañada de la acumulación.  Como no tengo tiempo para aburrirme, las cosas milagrosamente salen mejor”.

Este año Miguel Barnet publicará tres libros. “Uno de ellos de más de cien poemas inéditos, con el título de Salvado del círculo de Fuego, que es una nueva edición aumentada y corregida de autógrafos cubanos, de más de 500 páginas. Y otra, también aumentada y corregida,  que titulé  La fuente viva… Ah, y me olvidaba, saldrá además la quinta edición en Cuba de Akeke y la jutía, mi libro de fábulas cubanas, que publicará Ediciones Abril”.

Finalmente dijo: “No me detengo, porque a los 70 ya no hay tiempo para detenerse. Lo que tenías que pensar lo pensaste ya. Si a los 70 no sabes lo que quieres es porque te pareces más a un quelonio que a una persona…”

(1)     El reconocido pintor, dibujante e ilustrador Roberto Fabelo, Premio Nacional de Artes Plásticas 2004, nació el 28 de enero de 1950 en Guáimaro, Camagüey.

(2)     El Palo Monte (traído a Cuba por los negros del Congo), tiene un elemento importante que lo constituye: el Nganga, también conocido en Cuba como Enganga o Prenda.

El Doctor Miguel Barnet es también Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y designado en 1996 por la UNESCO y por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba como miembro del Consejo Ejecutivo de esa organización internacional.

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