Metalmorfosis: sincretismo e identidad

8 04 2010

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Para desconcierto de los que dudaron del éxito de tan atrevido proyecto; y para gozo de los que cerca de ella fuimos testigos de su ardua entrega a la investigación en torno al sincretismo de la cultura cubana, y de su afanosa consagración por hacer trascender el repujado dentro del variopinto lenguaje del arte contemporáneo, finalmente Anisis (Isis) González (Morón, 1969) entró, con su obra, en el amplio panorama de la plástica nacional.

Anisis (Isis) González en la Carmen Montilla

Metalmorfosis: sincretismo e identidad   

 

                                  “En esta tierra, mulata

                                             de africano y español,

 (Santa Bárbara de un lado,

                 del otro lado, Changó)”.

 

Nicolás Guillén, (La canción del Bongó)

Jorge Rivas Rodríguez

Para desconcierto de los que dudaron del éxito de tan atrevido proyecto; y para gozo de los que cerca de ella fuimos testigos de su ardua entrega a la investigación en torno al sincretismo de la cultura cubana, y de su afanosa consagración por hacer trascender el repujado dentro del variopinto lenguaje del arte contemporáneo, finalmente Anisis (Isis) González (Morón, 1969) entró, con su obra, en el amplio panorama de la plástica nacional.

Y lo hizo por la puerta grande de la Galería Carmen Montilla, en La Habana Vieja, donde actualmente se exhibe su primera muestra personal, Metalmorfosis, integrada por más de treinta piezas que evidencian su imaginería artística en el empleo, con incuestionable factura, de una técnica milenaria, la cual entrecruza con collages, pinturas y esculto-pinturas.

A través de esta práctica, también conocida como repoussé y metal embossing, Isis establece un conjunto de discursos plásticos independientes, pero cuyos temas se mezclan de forma sutil y armónica para conformar la dramaturgia de la muestra. En sus piezas se aluden los más disímiles sentimientos humanos, desde la esperanza, el amor y la fe, hasta la angustia, el dolor y el miedo…

Minuciosa faena sobre láminas de metal —plata, bronce, cobre y estaño—, que demuestra las incipientes habilidades de esta joven creadora para lograr diferentes efectos visuales a partir de la combinación de superficies redondeadas y planas, algunas de ellas trabajadas con un producto previsto especialmente para esta labor, conocido como pan de oro, de plata o de bronce, el cual resalta los efectos de antigüedad de algunas de las historias narradas. Paciente y, por supuesto, perfectible ejercicio, que contó con el desvelado apoyo de su compañero Sergio, figura imprescindible en la concepción total de Metalmorfosis.

Isis utiliza las posibilidades expresivas del relieve del metal laminado (generalmente utilizado en bisutería —adornos de los que también exhibe varios conjuntos bajo el nombre de su pequeña hija Cheeli— o con fines domésticos, tanto decorativos como utilitarios) para ofrecer su interpretación iconográfica sobre la profusa mitología del panteón yoruba, la cual se insertó con extraordinaria rapidez en la cultura cubana, en un fervoroso proceso de sincretismo y transculturación; rica evolución que ha interesado a estudiosos e intelectuales, entre ellos el Poeta nacional Nicolás Guillén, quien nos legó sus fundamentos humanísticos sobre el mestizaje en Cuba, y cuya obra aquí es igualmente homenajeada.

Metalmorfosis fue especialmente concebida para esta galería de la Oficina del Historiador. Por las mismas adoquinadas calles y plazas donde se encuentra ubicada la Casa Carmen Montilla, entre mansiones y barracones, se entretejieron historias de opulencia, poder, subyugación y dolor. Negros y mulatos, esclavos y libres;  blancos, ricos y pobres, fueron los principales protagonistas del sincretismo operado entre las deidades africanas y los santos de la religión católica, entre los que Santa Bárbara, que viste una túnica roja y sostiene una espada —Changó, entre los yorubas: guerrero dueño del trueno, las palmas y los tambores— deviene figura emblemática en la estructuración temática de la exposición.

En el tránsito a través de estas obras, cuya curaduría fue  cuidadosamente concebida con ese fin, los espectadores tienen la posibilidad de reconocer los aportes africanos y el dinamismo con que se produjo la interacción con otros componentes étnicos europeos; de una parte los hispánicos, referidos aquí principalmente a través de la herencia arquitectónica, la religión católica, y el esplendor de la literatura y el arte renacentista,  y de la otra,  las creencias de la religión yoruba, traída a la Isla por cientos de miles de negros apresados y convertidos en esclavos.

Buril en mano, más que recrear artísticamente el surgimiento y desarrollo de estas prácticas religiosas, en sus primeros pasos a través del arte Isis ahonda en los orígenes de nuestra identidad. De ahí el principal valor de esta exposición —en las que hay obras con un predominantemente valor conceptual—, que en su inauguración ganó palmas del público, el cual disfrutó de un programa que concluyó con un performance en homenaje a la tempranamente desaparecida artífice venezolana Carmen Montilla, en el que participó un grupo de integrantes de la afamada orquesta de Pancho el Bravo, dirigida por Pablo Águila.

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