Mitología del extremo: aforismos de Jesús Lara Sotelo

2 05 2010

El viernes último, en el Convento de San Francisco de Asís, fue presentado el libro de aforismos titulado Mitología del extremo, del multifacético creador Jesús Lara Sotelo, ocasión en que igualmente fue inaugurada su muestra personal de pinturas, esculto pinturas e instalaciones, Make Bacon, y puesta  en circulación la multimedia Ascensión al Himalaya interior, en la que se reúne parte del variopinto quehacer de este joven creador.

Las palabras de presentación  de Mitología del extremo estuvieron a cargo del periodista y crítico Jorge Rivas Rodríguez, jefe de la redacción cultural de Trabajadores y autor de este blog, las cuales reproducimos textualmente:

Difícil encargo el que me ha hecho mi amigo Lara. En realidad resulta engorroso hacer la presentación de su libro de Aforismos cuando ya se ha leído el excelente prólogo del doctor Rufo Caballero. Haré el intento.

Epicuro aseguró hace más de dos mil años que los argumentos de la filosofía son vacuos si no mitigan ningún sufrimiento humano. Tal sentencia viene a la mente cuando se disfrutan, o se sufren, los aforismos de Jesús Lara, cuyos postulados no están sustentados en teorías abstractas, sino en el análisis pormenorizado del complejo arte de vivir, o mejor dicho, de convivir con  los problemas más inmediatos de la vida cotidiana.

Este fraterno y multifacético artífice de formación autodidacta, quien aún no ha dejado atrás la tercera década de vida y ya su nombre está inscripto entre las figuras representativas de la cultura cubana de entre milenios, nos trasmite sus disimiles experiencias existenciales a través de un osado afán por explorar todas sus posibilidades comunicativas y establecer un trascendente diálogo entre expresión y construcción ideo-estética, del cual surgen todas sus realizaciones artísticas, que  fluyen desde las esencias del hombre y la naturaleza como misterios cósmicos percibidos a través de su lírica composición con palabras o con las diferentes técnicas de las bellas artes.

Pintor, escultor, ceramista, fotógrafo, diseñador gráfico, poeta, escritor, filósofo… y mucho más….  Lara se impone, con su obra toda, en diferentes escenarios de la cultura cubana. Convincente y seguro se entrega al arte de pintar o de escribir con los ojos muy abiertos, sin miedo a indagar en los grandes misterios de la vida, enigmas estrechamente vinculados a la historia individual y colectiva de todos los que vivimos en este archipiélago. Isla de incógnitas, de paradojas, de esperanzas e infortunios, de  luces y sombras, de amenazas y colores, de furias y glorias, de penas y amores… Isla que muchos habitan, los más débiles, con pesar y miedo…

Desde la infancia, este creador insólito y atrevido no teme a nada. Con más razón que locura, y en ocasiones —tristes e indescriptibles momentos pasados—, con más locura que razón, ha extendido su mirada hacia el universo, para preguntar por él mismo, y por nosotros…  Y,  tal le sucedió a Sócrates y a sus discípulos, se sorprende cuando corrobora que las personas muchas veces miran a su alrededor, critican o elogian al prójimo, alaban, disfrutan o pretenden cosas materiales que les rodean… pero  escasamente examinan sus vidas.

Y  coincido con Rufo, ese amigo —o mejor, maestro— del que se aprende algo provechoso en cada momento con su compañía: “a pesar de los innegables valores de toda esta producción de Lara, lo mejor de su creación está en el aforismo, ese género difícil, filoso, para el que se precisa una agudeza y una capacidad de condensación extremas”

Los aforismos de Lara tienen un carácter eminentemente filosófico. Para él, el universo posee un ritmo que se relaciona con el movimiento. No tiene comienzo ni fin; es eterno, se nos escapa y se expresa mediante fuerzas comprometidas con lo divino, o sea, con nosotros mismos.  Esa interpretación artística de la vida, que por igual trasciende a todas sus otras expresiones artísticas, penetra enjundiosos caminos de la existencia humana y la compleja interrelación con su cosmos, con la verdad de existir: “¡Incontables veces he perseguido la travesía del cumplimiento de la verdad, pero ella en su escarceo de poder, yugo y fuego, me fustigaba  el espíritu. Y cuando creía estar yo desterrado en el fondo de la falsedad, de mi hipocresía, era entonces, que la aceptación de la verdad más exterminadora me redimía, imperecedero, exiguo, vasto, libre al fin de mí mismo!”. (Aforismo Nro. 1, Remedio del vestigio).

Es cierto que durante siglos, la filosofía fue vista como una disciplina exclusivamente académica, tributaria de un culto fetichista a la personalidad. En tal sentido, cualquier esoterismo teórico gozaba de seriedad y relevancia, pero aquello que concernía a la vida cotidiana, a la existencia del hombre y sus problemas,  despertaba rápidamente la sospecha de banalidad, de pensamiento abstracto o inútil. A tales circunstancias, habría que agregar el uso de un lenguaje abstruso y oscuro que desvinculó a la filosofía de la sociedad y ganó el favor de quienes adoran venerar lo que no comprenden, muestras que todavía hoy pululan por doquier. Aún en nuestros días, hay buenos  filósofos, o buenos estudiosos de la vida, que tratan de huir de la vulgaridad, pero escriben en un lenguaje inextricable, lo que hace suponer que la filosofía es carente de vida. Lara, aunque no se le haya reconocido como filósofo, en realidad ha dado pruebas fehacientes de su interés por razonar y reflexionar sobre las causas, relaciones y finalidades del hombre y el universo.

¿Y qué es la filosofía? Ya entrado el tercer milenio, el concepto de filosofía es más abarcador de lo que se ha explicado a lo largo de la Historia. La filosofía, más allá del alcance de las finalidades que se le han dado, es un gran arte, una gran ciencia. Es, en síntesis, una actitud ante la vida. Una actitud que requiere de una ciencia; la ciencia de responder a las preguntas que uno se hace. Y esa actitud implica un arte, porque cada una de esas preguntas que nos hacemos, o que alguien nos hace a diario, no se pueden responder de cualquier forma. Lara, ha asumido ese arte, esa actitud para responder a los disímiles cuestionamientos que impone la vida: ¿por qué existir?, ¿por qué la muerte?, ¿por qué el dolor? ¿por qué el sufrimiento?, ¿por qué el temor? ¿por qué la duda? ¿por qué el engaño? Tantos y tantos cuestionamientos que dan vueltas y vueltas buscando una respuesta sobre la que muchas veces, ante el asecho del miedo por descubrir la verdad,  se tiende una cortina  de silencio.  “Pide el dolor una corona de flores, ¡caramba!, y comenzamos a morir”. (Aforismo Nro. 127, Remedio del vestigio).

El propio artista ha dicho que su creación encierra a la condición humana en una gran interrogante. En una reciente entrevista con la periodista Teresa Tomé, afirmó que “todo nace como una  necesidad imperiosa de concienciar, punzar y remover el fondo de las cosas, de lo que supone los días del hombre sobre la tierra. Hago una catarsis con todos los presupuestos estéticos e ideológicos que la historia del arte ha traído hasta hoy, añadiendo la historia individual y la de la propia humanidad”

A través de sus aforismos este creador ejerce  una lírica evidentemente vinculada con la filosofía práctica, alejada de los cánones de la academia, de los lenguajes enrevesados, de las definiciones históricas, para ofrecer su propio imaginario sobre la vida. “Sigue siendo más práctico estudiar a los hombres que a los compendios. Helo aquí, queda demostrado…”. (Aforismo Nro. 256).

Tal ha dicho Rufo: “No me queda duda acerca de que Lara es un filósofo primero que todo, y de ahí irradia y varía todo lo demás”.

Con sus aforismos, el joven artista intenta enseñarnos a vivir en tiempos en que a casi nadie le interesa tal empresa. Sabe que, para ello, la filosofía es la gran educadora; aunque sin pretensiones de sabio, sino básicamente con el interés de separarnos de temores, de dudas… Se trata de hacernos comprender que el arte de vivir incluye también algo tan importante como valorar la vida y a todos los seres vivos, que es lo mismo decir valorar nuestra existencia, con sus adversidades y triunfos, con sus verdades y sus riesgos: “La adulteración de la verdad no será nunca espiritualidad, pues la espiritualidad no es más que madurar, profesar y obrar actos de verdad. No es un cúmulo de ensoñaciones ni debilidades interpretadas con ingenio, como estériles fantasías; siempre es inclusiva, jamás exclusiva, solo se aproxima a ella quién se exceptúa de sí y se deleita en el sacrificio”. (Aforismo Nro. 320, Obras en reserva).

Platón decía que el filósofo es, en ocasiones, como una partera que trae a la vida con el nacimiento, y el filósofo es aquel que nos da la vida el día que nos ayuda a extraer y conocer lo que llevamos dentro, a descifrar nuestros misterios individuales, a  poner orden en nuestros sentimientos y a dirigir nuestra vida con cierta seguridad. ¿Qué, si no, intentan ser estos aforismos de Lara? Ya lo ha dicho en varias ocasiones: “mi obra es la adjudicación  y expresión de los desafíos del tiempo que me toca vivir, comprender y desentrañar, por eso la única vía  del arte será posible para la utilidad del ser contemporáneo, si esa utilidad es  la búsqueda incesante y el cambio definitivo es una de sus prioridades primordiales”.

Así dice una de sus sentencias: “¡Duda con la mayor fuerza, de lo que está escrito aquí; cree con mayor profundidad e implicación, si reconoces que, a pesar de ser lo cruel, lo incómodo y lo escalofriante, además es verdadero!”. (Mitología del extremo). 

Lara nos involucra con su arte, con su personalísima manera de comprender e interrelacionarse con su espacio y con su tiempo, de cómo los percibe y de cuánto han influido en él, incluso de todo aquello que lo ha marcado en lo más íntimo de su personalidad. Pero el conjunto de su obra toda no sólo se limita a la mera complacencia de su auto-evolución, con sus aventuras, aciertos, adversidades, triunfos, enojos, dolores, soledades y el digno ridículo de “convivir con nuestros monstruos”, como él mismo expresa en uno de sus aforismos.

Su arte todo es inusual entretejido de esa individualidad con su época.  Y no sólo en su pintura y en sus poemas, sino también en sus fotografías, en sus aforismos y en todo cuanto de él emana con profundo sentido estético, se aprecian las circunstancias en las que piensa y actúa este hombre de entre milenios.

Cantor de la psiquis, cuyas peregrinaciones internas son fuertes expansiones  emocionales e instintivas. Entre sus aforismos irradia, como en su pintura y su poesía, recurrente, atrevido y sutil, irónico y sarcástico,  un sentido erótico y sensual que denuncia cierta avidez por el tratamiento de los temas relacionados con la procreación, la apetencia de la “carne” voluptuosa y tentadora, la pasión epicúrea, el pecado y el gozo espiritual: “En unos senos casi perfectos, casi bellos, se halla mi arte sin armas, e impide que la ayuda llegue a él”. (Exégesis del referéndum o vergel del castigo).    

En las palabras introductorias de este libro, el artista expresa que “hay que intentar transformar la experiencia, tener nueva aptitud de revelación y nueva conciencia de la espiritualidad, hay que conservar el frenesí  propio; hay que respetarse a sí mismo, ofrendarse a sí mismo, con absoluta responsabilidad, rigor y cierto aire de enigma para consigo mismo… De eso trata este libro”, asegura seguidamente.

A todos nos gusta llegar al fondo de nuestras existencias, de todo lo que, bueno o malo, conforma nuestra vida, para razonar y entender el por qué de muchas cosas; pero también nos gusta emerger con las manos llenas, para abrirlas delante de los demás, con la intención de que nuestras propias experiencias sirvan de consuelo y enseñanzas, de advertencias y avisos a los seres vivos que nos rodean: ese es el noble empeño que Lara se ha propuesto a través de estos enunciados breves, sentenciosos e ingeniosos que, sin dudas, contienen un mensaje instructivo, que incita a la reflexión intelectual y moral.

Ahora corresponde a la paremiología, que es la ciencia que se encarga de estudiar los aforismos, los refranes, los proverbios y otros enunciados concebidos con la intención de transmitir algún conocimiento basado en la experiencia, definir la valía de estos textos genialmente escritos por Lara, como si ante cada uno de ellos revelara, poco a poco, su propia personalidad, su propia vida, sus propios sentimientos. Entretanto, disfrutemos de estas sentencias que seguramente nos permitirán comenzar a mirar al universo con otros ojos, que por el momento son los ojos de Lara, y a través de esa mirada cómplice permitir que se abran nuestras puertas interiores y exteriores, y en la medida que estos aforismos nos permitan entender a las otras personas, y entender al mundo,  ir entendiéndonos mejor a nosotros mismos.

Muchas gracias

Jorge Rivas Rodríguez

La Habana, Convento de San Francisco de Asís, abril 30 de 2010.

 

 

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