EL TRATAMIENTO DEL TEMA RELIGIOSO EN LA PINTURA CUBANA (ACADEMICISMO)

31 07 2010
En 1962 San Alejandro pasó al edificio Flor Martiana

En 1962 San Alejandro pasó al edificio Flor Martiana

Hoy damos continuidad a los textos que por su importancia para la mejor comprensión del surgimiento y desarrollo del arte cubano, hemos seleccionado del valioso ensayo publicado por el investigador José de la Fuente García en la Gazeta de Antropología Nº 17, 2001 (Texto 17-14), bajo el título de El tratamiento del tema religioso en la pintura cubana.

En  el capítulo  Academicismo (1818-1927), de este genial trabajo que Espejo Impaciente  pone a disposición de sus lectores, de la Fuente García subraya:

Academicismo (1818-1927)

Tanto para la etapa inicial como para esta, la característica fundamental de la pintura cubana es la de exponer una obra marcada por las corrientes europeas más ortodoxas en sus temas y ejecución. Sólo excepciones tratarán temas autóctonos y en pocos se vislumbran destellos de originalidad renovadora que no llegan a formar escuela y que se presentan como piezas únicas no engranadas entre sí. Rigol (1982: 165-166) caracteriza así este periodo: “En el continuo secular regido por la Academia, las tendencias pictóricas europeas, a veces en pugna violenta en las metrópolis de origen, se atenúan y ablandan, fundiéndose y confundiéndose en nuestra isla, a cuyas costas arriban siempre con décadas de retraso. Como temas recurrentes en ese continuo académico aparecen el cuadro de asunto histórico o mitológico y el cuadro basado en una visión epidérmica de la realidad circundante. La diferencia es sólo de enfoque, estilísticamente son afines. Costumbrismo y mitología se expresan con el mismo lenguaje. Con el mimetismo característico de las colonias los pintores realizan su obra dentro de los cánones imperantes en las metrópolis. Es, así, una pintura nacida de otras pinturas, no del entorno del artista. La naturaleza que lo envuelve, el ambiente que lo rodea, no existen para el pintor. Sus ojos no los ven, imantados por mirajes foráneos. Va naciendo, así, esa pintura de pinturas, una pintura de imitación, calco de patrones y modelos europeos, metropolitanos”. 

Como cita Rigol (1982: 74) “El siglo XIX trae consigo un cambio en la situación social del pintor que girará en torno a la Academia fundada en 1818: a partir de esta, el pintor dejará de ser un artesano para ser cada vez más un artista en el sentido actual del término. San Alejandro se crea precisamente para rescatar de las manos de los artesanos negros el oficio de pintor”. 

La obra de Vermay, de fuerte sello Davidiano, aunque imperfecto, no constituye su aporte fundamental a nuestra plástica, sino sus concepciones y métodos que cristalizan en la fundación de la Academia de San Alejandro el 11 de enero de 1818. Aunque catalizada su fundación por la carrera “iluminista” que aún vivía Cuba y, a decir de Rigol (1982: 103), “por la necesidad de ganarse la vida con que llega a Cuba un emigrado francés bonapartista”, la Academia va a jugar un papel importante en el desarrollo de la pintura cubana. 

El legado católico estaba asegurado por la presencia de obras de reconocidos artistas en las iglesias de La Habana del s.XIX, única fuente para la apreciación de los grandes maestros. La iglesia del Santísimo Cristo de la Salud (después parroquial de Guadalupe y hoy Nuestra Señora de la Caridad) ostentaba, según Rigol (1982: 115-117), un cuadro copia de Rafael, conocido como el “Pasmo de Sicilia” y otro de Mengs representando el nacimineto de Cristo. Fernández Santalices (1997: 165) puntualiza más al reseñar un cuadro de Camilo Cuyás, copia de Mengs, conocido como “Nacimiento de Cristo” y en el baptisterio frescos de J.B.Vermay representando a “San Juan Bautista”, copia de Rafael, y a la “Virgen de Guadalupe”. Todas estas obras se encuentran hoy perdidas. En la Parroquial del Santo Angel Custodio se hallaba un cuadro de la “Virgen del Pez” de J.B.Vermay (hoy desaparecido) y otro de J.N. de la Escalera, “El bautismo de Cristo” (robado en los años 80); hoy sólo se aprecian frescos en el centro de las bóvedas con temas religiosos de autor desconocido y que datan muy posiblemente de 1923 (Rigol 1982: 115-117; Fernández Santalices 1997: 77-78). En la Parroquial del Espíritu Santo había uno que representaba la “Adoración de los Reyes Magos” de J.B.Vermay (hoy en el Arzobispado) (Rigol 1982: 115-117; Fernández Santalices 1997: 37), otros de J.N. de la Ecalera (“Santa Bárbara” y “San Juan Nepomuceno”) y frescos de J.Perovani hoy perdidos; alrededor de 1944 se pintó un fresco sobre “La Sagrada Cena” (Fernández Santalices 1997: 37). Rigol (1982: 115-117) recoge además la existencia de un cuadro de Correggio en el Santo-Cristo (Santísimo Cristo de la Salud?) representando a “Jesucristo muerto con la Virgen desmayada y sostenida por San Juan”. En Santa Teresa de Jesús (desde 1932 Santuario de María Auxiliadora), citando el Centón de 1923 de los PP. Carmelitas, Fernández Santalices (1997: 96) señala la existencia de pinturas de buena factura en el techo de la iglesia que datan de alrededor de 1891. Los salesianos adquirieron la iglesia en 1932 y cubrieron el espacio superior de la capilla mayor con una cúpula de tambor cuya bóveda está decorada con frescos de escaso valor (Fernández Santalices 1997: 97). En la capilla de San José en la Casa Cuna, Arrate describe un cuadro de “San José dormido y despertándole un ángel con las palabras del Evangelio accipe puerum” de factura desconocida y que puede datar de alrededor de 1710. La Purísima Concepción (San Francisco), según Fernández Santalices (1997: 110), parece que recogía en su cúpula grabados de James G. Sawkins, Louis J. Jacottet y Federico Mialhe entre otros artistas de la primera mitad del siglo XIX (esta cúpula parece que fue destruida por el huracán de 1844 o el de 1846). La Catedral de la Habana (o Catedral de la Inmaculada Concepción de la Virgen María) posee lienzos con copias de célebres obras hechos por J.B.Vermay y colocados por orden del obispo Espada, la decoración de la catedral fue conferida al propio J.B.Vermay y a J.Perovani, quien decoró la capilla mayor con frescos de rígida factura neoclasicista (“La Asunción de la Virgen”, “La Cena” y “La potestad de las llaves”) (Fernández Santalices 1997: 132-133). En la Parroquial de San Nicolás de Bari (hoy de San Judas y San Nicolás) hay un cuadro de J.B.Vermay representando a “San Ignacio” (Fernández Santalices 1997: 182). 

Este catálogo de pintura religiosa cubana no puede estar completo sin la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, obra cúspide de este género en Cuba. Reseñando las obras de Joaquín Weiss (1980) y Angel Gaztelu (1965), la iglesia contiene una suntuosa decoración mural de factura académica, única en nuestras igleias coloniales. En ella participaron pintores cubanos del último cuarto del siglo XIX como Melero, Herrera, Chartrand y Petit. También contiene valiosas obras debidas a Zuloaga, Murillo y Alonso Cano. En la capilla de Nuestra Señora de Lourdes, bien llamada por algunos la capilla Sixtina del arte religioso cubano, Esteban Chartrand y M. Didier Petit dejaron plasmada la “Procesión del Santísimo de Lourdes” mientras Miguel Melero y Antonio Herrera decoraron la cúpula y el lucernario que se colocó en la segunda etapa de la construcción en 1883 (Fernández Santalices 1997: 143) con “La potestad de las llaves”, “Escena de la vida de San Pablo” y figuras de los profetas David, Isaías, Jeremías y Elías. Los altares del transepto están decorados con cuadros de Augusto Ferrán (“San Vicente de Paul” y “La Santísima Trinidad”). Los frescos “Las dos apariciones de la Virgen Milagrosa a Santa Catalina Labouré en la capilla parisina de las Hijas de la Caridad en rue du Bac”, “La aparición de la misma virgen a Alfonso Ratisbona en la iglesia de San Andrea delle Fratte en Roma” y “La entrega del escapulario del Sagrado Corazón por el mismo Cristo a una Hija de la Caridad”, que cubren la cúpula de la capilla mayor de la iglesia, fueron terminados a principios de este siglo por Manuel Lorenzo (discípulo de Melero). En 1931 se restauraron las pinturas por Domingo Argudín, discípulo y ayudante de M. Lorenzo durante la obra. Se menciona (Fernández Santalices 1997: 143) que se restauraron nuevamente en 1963. ¿Por quién? No se sabe. 

Los grandes pintores santiagueros José Joaquín Tejada (1867-1943), Guillermo Collazo (1850-1896) y Federico Martínez (1828-1912?) junto con Leopoldo Romanach (1862-1951) y Armando Menocal (1861-1942) integran la época de oro del paisajismo en la pintura cubana. No obstante, trataron poco los temas religiosos. Sólo aparecen algunos pasajes costumbristas recreando escenas de la mujer cumpliendo ritos religiosos (de Juan 1980: 48). El pintor Manuel Vega López (¿-1954) recrea temas religiosos en algunos paisajes y retratos. 

No quisiera dejar de mencionar en este estudio los dibujos y símbolos Abakuá que, sobre todo hasta mediados del siglo XX, decoraban algunas vecindades y solares de La Habana y otras provincias (de la Torriente 1954). Relacionados con prácticas rituales de esta sociedad secreta, estos símbolos constituyen dibujos populares sumamente interesantes pues con líneas fáciles transmiten toda una semiótica mágica sumamente expresiva para el ojo conocedor pero siempre atrayente por lo misterioso de sus composiciones. El significado de estos símbolos ha sido estudiado por diversos autores. Aquí sólo quería mencionar su asimilación como una forma de expresión artística popular que en algo recuerda los “mamarrachos” de los siglos XVIII y XIX. 

En definitiva, durante el periodo Academicista, estamos frente a un mismo proceso imitacionista en la pintura con un fuerte componente religioso y euro-ortodoxo. Rigol (1982: 258) define la evolución de la pintura en Cuba como una “…sucesión, o coexistencia, de una serie de hitos individuales sin articulación de propósitos o consignas. Con mayor o menor intensidad de luz, nuestros pintores flotan en el espacio colonial en órbitas singulares, independientes, a manera de miembros dispersos de una nebulosa secular: la Academia. No es posible, por eso, historiar movimientos; cuando más podremos establecer un censo de integrantes de esa nebulosa. Claro, hay estrellas y satélites, más de estos que de aquellas”. 

En la época Academicista (s. XIX-XX) hay además alusiones a temas religiosos en el contexto de obras de contenido social o histórico. Ejemplos de ello son:

Obras de Referencia

Hércules Morelli (1821-1857) La Caridad cristiana coronando el busto de Francisco Carvallo, fundador de la Escuela y Hospital de Belén. Oleo/tela. Museo Nacional. 1857. Rigol 1982, 182, 310.

Joaquín Cuadras (?-1874/5) Orfila coronado por una diosa. Fresco. Botica del Carmen, Santiago de Cuba. Rigol 1982, 222.

José Arburu Morell (1864-1889) La primera misa en América. 1889? Rigol 1982, 254-255.

Relación de ejemplos no recogidos en el texto: 

Academicismo (1818-1927)

Nombre Obra  Referencia

Juan Bautista Vermay (1786-1833) San Luis, prisionero en Egipto. Salón de 1814. Se conserva en el Museo de Angers, Francia.

San José. San Atanasio. Museo Nacional de Cuba. 

San Juan Bautista. Virgen de Guadalupe (pintados para la Iglesia de la Caridad). 

San Ignacio de Loyola (pintado para la Iglesia de San Nicolás). 

Virgen del pez (pintado para la Iglesia del Ángel). 

(Nota: todos desaparecidos). 

La Primera Misa (dos cuadros: el primero representa la Misa celebrada por el Obispo Espada en conmemoración de la primera misa oficiada por el Padre Las Casas y el segundo representa la ceiba donde el Padre Las Casas con su séquito y acompañado por los guerreros españoles de la época ofició esta primera misa). Templete, La Habana.

Rigol, 198295, 101-102.

Valderrama 1952.

 José Perovani (1765-1835) La potestad de las llaves. La última cena. Ascención de la Virgen. Frescos en la catedral de La Habana. 

Obras en el hospital de Paula, en la iglesia del Espíritu Santo, en la capilla del ingenio Santa Teresa (no conozco sus temas pero muchos de ellos deben abordar temas religiosos). 1800-1815.

Rigol 1982, 163-165.

Leopoldo Romañach Cumpliendo el Voto.  de Juan 1980, 48.

Isidoro Valdés Frescos que adornan la capilla privada del Marqués de Aguas Claras en su casa en la Plaza de la Catedral en La Habana. Rigol 1982, 165.

Guillermo Colson (1785- ) La visión de San Francisco. 1830-1843. Rigol 1982, 175.

Víctor Patricio de Landaluze (1828-1889) El ñáñigo. Fototipia de Taveira. de Villa (ed.) 1881.

Pierre Toussaint Frédéric Mialhe Día de Reyes. Isla de Cuba Pintoresca.

Cisneros Lot y sus hijas. de Juan 1980, 15.

Augusto Ferrán Jesús y la samaritana. de Juan 1980, 15.

Nota de Espejo Impaciente:

La Escuela de Arte de La Habana fue nombrada a partir de 1832  como se conoce hoy en día, San Alejandro, en memoria de Don Alejandro Ramírez, superintendente general y director de la Real Sociedad Económica Amigos del País, a quien se le debe su fundación y progreso. Con el paso del tiempo, esta importante entidad cultural radicó en distintos lugares de la Ciudad de la Habana. En 1856 se trasladó a un edificio colonial de la calle Dragones, el #62, hasta que finalmente en 1962 pasó al edificio Flor Martiana.

Ese inmueble forma parte de un complejo artístico-arquitectónico de cuatro edificios que rodean el Obelisco, construidos en honor al científico cubano Carlos J. Finlay. El complejo fue diseñado y construido por el Ingeniero José Pérez Benitoa, principal cultivador en Cuba del estilo monumental. En su inauguración, el 4 de Septiembre de 1944, recibió el nombre de “Plaza Finlay” y los edificios funcionaban como Centro Escolar, Escuela del Hogar, Escuela Normal de Kindergarten y Asilo de Ancianas. El diseño del edificio responde a códigos del Monumental Moderno, su fachada principal está compuesta por un destacado volumen de diez elegantes y esbeltas columnas enchapadas en piedras de Jaimanitas, las cuales con una ligera distribución radial van conformando la plaza cuyo centro es el Obelisco.

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