TONY CURTIS: LAMENTABLE PÉRDIDA PARA EL SÉPTIMO ARTE

1 10 2010

El afamado actor norteamericano , Tony Curtis, el más cínico de los galanes, falleció este jueves, a los 85 años de edad,  en su casa de Las Vegas, a causa de un paro cardiaco, noticia que desde el mediodía de hoy ha impactado en los medios de prensa de todo el mundo.

Aunque el perfil editorial de ArtCuba.com  está básicamente encaminado a promover el arte cubano y latinoamericano, consideramos justo dedicar estas líneas en recordación  al célebre actor que ha deleitado, con su arte, a varias generaciones de seres humanos, entre los que se incluyen, por supuesto, miles de creadores de la plástica en todos los continentes.

Aplaudido en varias comedias y dramas, en los que compartió el plató con otros grandes del cine norteamericano, como Marilyn Monroe y Jack Lemmon,  Tony Curtis (el niño que se escapaba al cine y acabó siendo  estrella del séptimo arte) participó en  algunos de los títulos más definitorios del cine clásico estadounidense, entre ellos  Con faldas y a lo loco, Los vikingos, Espartaco, Chantaje en Broadway y El estrangulador de Boston.

En esas producciones  acometió registros bien distintos entre la comedia distendida y la comedia cínica, entre aventura amarga y el drama psicoanalítico, son algunos de sus momentos más brillantes en una trayectoria forjada en los grandes estudios, como galán aventurero, arribista o asesino en serie.

Aunque Curtis no tuvo el glamur de otras estrellas contemporáneas en su carrera,  ganó la admiración del público por su belleza física, virilidad, y el tono lúdico que impregnó a muchos de sus personajes, así como  la ductilidad de un desempeño que lo hizo definitivamente memorable.

Tras su muerte, solo le sobrevive Kirk Douglas,  nueve años mayor que él, con quien coincidió en otro filme de Richard Fleischer, Los vikingos, y en Espartaco, de Stanley Kubrick.

Nacido el 3 de septiembre de 1925 en el barrio neoyorquino del Bronx, Curtis se llamaba en realidad Bernard Schwartz. Su nombre artístico disimuló los orígenes judíos cuando empezó a trabajar en el cine, a finales de los años 40. Universal, el primer estudio que le contrató, quiso convertirlo en un galán simpático y dicharachero, de pelo engominado e ideal para comedias sin demasiadas ambiciones o pequeñas producciones de aventuras.

Pero había algo en Curtis que sugería registros más amplios. En 1953, por ejemplo, dio vida al escapista Harry Houdini en El gran Houdini, donde ya demostró algo más que talento para la sonrisa fácil y el regateo amoroso.

En este filme formó pareja con Janet Leigh, con la que estuvo casado entre 1951 y 1962, repitiendo después en amables cintas de aventuras medievales como Coraza negra (1954). De su unión nació la actriz Jamie Lee Curtis, asediada por un psicópata en La noche de Halloween como su madre lo estuvo en Psicosis.

Sin embargo, sería en la comedia donde alcanzaría más popularidad, primero a las órdenes de Blake Edwards en El temible Mr. Cory (1957) y después formando estelar terceto con Jack

Tony Curtis

Tony Curtis

Lemmon y Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco (1959). Con Edwards repetiría varias veces; en La carrera del siglo (1965) logró, de nuevo junto a Jack Lemmon, reproducir la gestualidad y la comicidad propia de los cartoons de la época.

Cineastas tan alejados de las convenciones como Alexander Mackendrick se fijaron en él. En Chantaje en Broadway (1957) y No hagan olas (1967) encarnó a dos individuos sin escrúpulo alguno, aunque en la primera lo hizo con registro melodramático y en la segunda imponiendo la comicidad irónica, demostrando una vez más su ductilidad. También fueron tiempos complicados. Curtis acudió en 2000 al festival de Sitges, donde recibió un premio por toda su trayectoria, y entre otras perlas soltó esta: “Los actores me envidiaban porque yo era una competencia demasiado dura para ellos”.

No fue solo Mackendrick. En Espartaco (1960), Kubrick exploró lo mejor de Curtis en su composición del esclavo Antonino, protagonista de la célebre secuencia en la que intenta ser seducido por el personaje de Laurence Olivier. El progresista Stanley Kramer le hizo formar pareja con Sidney Poitier en Fugitivos (1958), un drama sobre el racismo.

Vincente Minnelli sacó de nuevo a relucir sus mejores dotes para la comedia en Adiós, Charlie (1964). Elia Kazan lo incorporó al reparto testamentario de El último magnate (1976) junto a otras viejas glorias en activo, Robert Mitchum, Ray Milland y Dana Andrews.

A partir de los años 80 declinó su carrera, pero no su estado de ánimo pese a curas de desintoxicación de drogas y alcohol y operaciones del corazón. En Sitges rememoró sin contemplaciones su relación con Marilyn Monroe, de la que había sido amante, en Con faldas y a lo loco: “En la escena torrida del barco hizo todo lo posible para que yo tuviera una erección”, afirmaba Curtis.

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