RENÉ FRANCISCO: PREMIO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS

7 12 2010

Esta noche fue dado a conocer en la Isla el Premio Nacional de Artes Plástica 2010, seleccionado por un prestigioso jurado integrado por personalidades de la cultura cubana, el cual decidió conferir tal distinción al maestro René Francisco Rodríguez.

René Francisco, Premios Nacionales de Artes Plásticas

René Francisco, Premios Nacionales de Artes Plásticas

En el jurado participaron los Premios Nacionales de Artes Plásticas y de Crítica, así como especialistas, artistas y diseñadores vinculados a las Artes Visuales; presidido en esta ocasión por Nelson Domínguez, decidió, después de analizar los artistas nominados por cada una de las instituciones culturales, otorgar el Premio Nacional de Artes Plásticas 2010 a René Francisco, por el conjunto de la obra realizada, y por su valioso aporte al desarrollo de la plástica cubana.

 René Francisco es uno de los artistas de mayor solidez en el arte cubano que se ha producido en los últimos 20 años. Los valores acumulados al interior de su obra, así como la meritoria labor docente desarrollada por él, tanto en el Instituto Superior de Arte como en el proyecto de pedagogía alternativa “Desde una Pragmática Pedagógica” y la significación que este tuvo en la ampliación del instrumental expresivo para diferentes promociones de creadores cubanos, justifican la entrega de este premio.

Espejo impaciente, por la importancia de este texto en el conocimiento de los valores espirituales y humanísticos de René Francisco reproduce a continuación fragmentos del texto extraído del sitio www.havana-cultura.com

Esta historia empieza, igual que la mayoría de historias sobre artistas contemporáneos importantes, en la esquina noroeste de la ciudad, en el complejo de edificios conocido como el ISA (Instituto Superior de Arte). (…) La sección del instituto dedicada a las artes visuales, diseñada por el arquitecto cubano Ricardo Porro en 1965, es uno de los triunfos arquitectónicos modernos más extraordinarios de La Habana: una serie ondulante de corredores y estudios de techo abovedado que rodean un patio horneado por el sol. Y aquí es donde encontramos a René Francisco Rodríguez, tomándose un descanso de sus funciones de profesor.

René Francisco tiene 48 años y un aspecto juvenil, una cualidad no muy sorprendente en alguien que encontró una forma de nunca dejar la escuela. “Este lugar es como mi segundo hogar,” dice. “Llegué aquí en 1977 como un estudiante —esta es la razón de que todo este cemento signifique tanto para mí. Me licencié por el ISA en 1982, después estudié aquí hasta 1989, y he sido profesor aquí desde entonces.” Su poco ortodoxo método de enseñanza, que ocasionalmente causa preocupación entre los administradores de la escuela, es uno de los factores que le han hecho siempre popular entre los estudiantes: “Mis clases tienen lugar cuando lo quiero yo, o cuando lo quieren los estudiantes. Y a veces salimos del Instituto y las clases tienen lugar en el exterior, en la calle.”

La determinación de Francisco respecto a replantear la interacción estudiante-profesor le condujo a crear Galería DUPP (Desde una Pedagogía Pragmática) en 1989. De hecho, Galería DUPP, no tiene nada en común con una galería de arte; no tiene un domicilio fijo y sólo está relacionada incidentalmente con la exposición del arte y todavía menos con la venta del mismo. Utilizando “Galería DUPP” como su identidad colectiva, Francisco y un cambiante grupo de estudiantes han producido una asombrosa gama de obras de arte durante las últimas dos décadas. El proyecto de DUPP evolucionó a partir del interés de Francisco en la participación de la comunidad – era hacer que los artistas salieran del estudio y se metieran en el “mundo real’ – al mismo tiempo que se borraba el ego de la ecuación artística. A pesar de eso, más de unos pocos de los antiguos estudiantes de Francisco, como Alexandre Arrechea, Wilfredo Prieto y Duvier Del Dago Fernández, han pasado a conseguir prominencia artística propia.

Francisco continuaba hablando con admiración y de forma expansiva sobre el ISA — “esta no es una escuela en la que aprendes a pintar… es una escuela de ideas, donde los profesores intentan formar a los estudiantes….” Y después llega el momento de pasar a otra cosa.

Nos lleva a un barrio llamado El Romerillo, cercano geográficamente al ISA pero a años luz del linaje aristocrático de Cubanacán. En El Romerillo nunca ha habido un campo de golf. Los trabajadores cubanos que se dirigían a La Habana desde las zonas rurales empezaron a establecerse aquí en la década de 1960, y construyeron sus casas con cualesquiera materiales que encontraran (lata corrugada, cartón). El Romerillo se convirtió en uno de los suburbios más notorios de la Habana.

René Francisco empezó a venir a El Romerillo hace una década, vagando por el barrio siempre que tenía tiempo libre en el ISA. Pudo conocer a gente y ésta pudo conocerle a él. En 2003 recibió una subvención de una fundación de Berlín, y concibió un plan. Utilizaría el dinero de la subvención en El Romerillo. Pero, ¿dónde empezar? En este barrio tremendamente pobre, ¿quién se lo merecería más? Decidió permitir que los vecinos lo decidieran por sí mismos. Contactó con 44 de ellos, y cuando finalizó su encuesta, Francisco sabía lo que tenía que hacer. El dinero de la subvención había sido destinado a un proyecto de arte, pero eso no era un problema. Francisco daría a Berlín un proyecto de arte, y daría a los vecinos de El Romerillo algo que podrían utilizar.

La primera persona de la lista, Rosa Estévez, era una de las personas más queridas del barrio. “Rosa curaba con sus manos,” recuerda Francisco. “Era profundamente espiritual. Los médicos le enviaban pacientes para que los curara. Pero ella vivía en la pobreza más extrema, con su hijo. No tenían ni un retrete ni nada.” Por lo tanto Francisco organizó un grupo que se puso a trabajar para renovar la casa de Rosa. Rosa tomó todas las decisiones sobre lo que necesitaba realizarse. Se cambió el tejado, se creó un patio y se construyeron armarios y estanterías. Francisco documentó todos los pasos del proyecto, y a finales de 2003 se expusieron en Berlín ampliaciones de sus fotografías de la “Casa de Rosa”. Rosa murió al año siguiente, pero Francisco sigue teniendo una relación íntima con su hijo, que sigue viviendo en la casa.

En 2004 Francisco se puso a trabajar para transformar el hogar de Marcelina Ochoa, a la que toda la gente de El Romerillo llama “Nin.” Tenía 88 años y no podía andar, por lo tanto cada día su hijo la llevaba en brazos al exterior para que se sentara en el patio. Él iba trabajar y después volvía del trabajo y la llevaba de nuevo al interior de la casa por la noche. “Su patio estaba en un estado terrible – lleno de basura, moscas, no puedes ni imaginártelo,” dice Francisco. “Ella tenía que estar sentada contemplando esta pila de basura cada día. Por lo tanto convertimos el patio en un jardín para ella. Ella escogió las plantas que quería.”

Nin también necesitaba cuidados médicos. Francisco trajo a un médico para que la examinara, después consiguió una silla de ruedas para ella e hizo que le proporcionaran zapatos ortopédicos a la medida. Francisco expuso su documentación de “El Patio de Nin” en la 52a Bienal de Venecia en 2007.

De pie junto a René Francisco en la calle principal que pasa a través de El Romerillo, es evidente que su compromiso hacia este barrio va más allá del interés artístico, más allá de lo que pudo hacer por Rosa y Nin, quizás incluso más allá de lo posible. Cuando se le pregunta sobre el futuro, mira a su alrededor y dice, “Me encantaría instalar un sistema de alcantarillado. Me gustaría obtener financiación y reconstruir la red de suministro de agua, mejorar las comunicaciones. Mejorar todo lo relacionado con la higiene… parece imposible, lo sé. Pero éste es mi trabajo. Vivo en una utopía artística.”

El día termina en el estudio de René Francisco, donde pinta. Esto es una sorpresa, considerando todo lo que ha hecho por la causa del arte conceptual y el desarrollo de la comunidad, pero, sí, el estudio de René Francisco está lleno de cuadros sumamente interesantes. La pintura ha sido aplicada al lienzo en capas con una espátula, utilizando una técnica meticulosa, puntillista. La mayoría de los cuadros tienen temas sociológicos y políticos. Uno de ellos muestra masas de caras indistinguibles en blanco y negro. Otro muestra una costurera que cose banderas en una masa de colores rojo, azul y blanco. “Me gusta pintar,” dice. “También me gusta el trabajo que hago en las calles. Es el Yin y el Yang, no?”

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