ROBERTO COBAS: REMEMBRANZAS Y PASIONES

4 01 2011

 En su edición de este lunes, el rotativo cubano Trabajadores, uno de los tres periódicos de circulación nacional en la Isla, publicó a página completa una entrevista con el crítico y curador Roberto Cobas, cuya labor en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana se destaca, ante todo, por sus sólidos conocimientos en el arte de la vanguardia y, particularmente en la obra de Wifredo Lam. Por su importancia, Espejo impaciente reproduce ese texto.

Roberto Cobas: Remembranzas y pasiones

Por: Jorge Rivas Rodríguez

Recientemente el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), en su edificio de Arte Cubano, acogió con éxito, bajo el título de Vanguardia y Tradición, Dibujos y grabados 1934 – 1969, una antológica  exposición  del maestro de la plástica Jorge Rigol Lomba1 (Guantánamo, 1910 – La Habana, 1991),  cuya curaduría estuvo a cargo de Roberto Cobas Amate.

Acercar al lector a una labor de la que poco se habla y sin embargo resulta imprescindible para apreciar y preservar la obra artística, fue el objetivo del encuentro con esta reconocida figura en el ejercicio de dicha especialidad que es además crítico y ensayista sobre arte y cine cubanos.

¿Podría usted definir la labor de “curaduría”, tan mencionada en el contexto contemporáneo del arte cubano?

“Estos términos de curador/curaduría se pusieron de moda en Cuba a finales de los años ochenta, pero realmente es  una especialidad que existe desde hace muchos años en el mundo y requiere de un alto nivel de especialización ya que en el caso de los museos de arte, el curador tiene entre sus principales funciones la conservación y estudio del objeto museable y la configuración de las colecciones acorde a las características de la institución. Entre sus responsabilidades están la realización de expedientes de artistas y fichas técnicas de obras, la preparación de catálogos de las colecciones que atesora y la organización de muestras permanentes o temporales.

“Los curadores son los máximos responsables del legado nacional y cultural que les ha sido confiado. En tal sentido me parece más precisa la definición de conservador, que se utiliza en los museos europeos y canadienses para denominar este cargo”.      

¿Qué razones le han motivado para mantenerse vinculado al Museo Nacional de Bellas Artes desde que inició su vida laboral en esa prestigiosa institución?

“Comencé como museólogo y me he mantenido vinculado a  ella como curador de la colección de Arte Moderno Cubano, específicamente de la primera y segunda vanguardia, comprendida entre 1927 y1950.

“Después de 27 años de trabajo en el MNBA  puedo afirmarte que todo lo que soy -si es que soy algo- se lo debo  a mi consagración y fidelidad a la institución que me acogió cuando tenía 24 años. Ha sido mi único trabajo, y sin dudas es mi gran amor. Por supuesto he tenido periodos de altas y bajas, pero prefiero recordar los momentos que me vinculan a esa gran familia de trabajadores que acoge en su seno el MNBA. En este lapso de tiempo he realizado todas las tareas que puede llevar a cabo un curador, desde las más sublimes, como investigar la autenticidad de un cuadro, hasta las más modestas como trasladar las obras por las distintas salas del Museo Nacional o ayudar al montaje de las mismas. He tenido el inmenso placer de tener en mis manos desde la Gitana tropical, de Víctor Manuel, hasta el Tercer Mundo, de Wifredo Lam. En tal sentido soy un hombre inmensamente feliz”.

“Este Museo ha sido mi verdadera escuela. Cuando me gradué de licenciado en Historia del Arte en  la Facultad de Artes y Letras, en la Universidad de La Habana,  pensé que me las sabía todas. Al comenzar a trabajar aquí, en 1982, en el Departamento de Investigaciones, comprendí que lo aprendido en la universidad era tan solo un punto de partida. Con mis compañeros de trabajo aprendí cosas tan elementales  e importantes como medir un cuadro o un dibujo, manipular una pieza o realizar la ficha técnica de una obra.

¿Cuáles han sido sus trabajos más significativos como curador?

“Recuerdo con particular agrado aquel comienzo, cuando trabajé como asistente de María del Carmen Rippe, en una muestra sobre estampas europeas, y  la preparación de la I Bienal de La Habana, en cuya organización el Museo Nacional colaboró intensamente con el Centro Wifredo Lam.

“Con respecto a los trabajos significativos de curaduría te puedo mencionar la exposición itinerante Wifredo Lam, la aventura de la creación, que se exhibió en 1998 en varias ciudades españolas; así como la muestra Mariano, sobre Mariano Rodríguez, inaugurada en una importante sala de exposiciones de Monte-Carlo, Mónaco”.

“Me satisface mucho haber trabajado en otras exposiciones exhibidas realizadas en las salas del Museo, como la titulada Raúl Martínez, el desafío de los sesenta, curada conjuntamente con Elsa Vega, en la cual se enfatizó la trascendencia de la pintura de Raúl en el contexto de la plástica cubana y latinoamericana de aquella época; así como la exhibición Umberto Peña, que fue la reaparición ante el público y la crítica de una de las figuras protagónicas de los años sesenta. 

“Dentro de las colectivas no puedo dejar de mencionar la importantísima exposición Cuba Arte e Historia desde 1868 hasta nuestros días, organizada conjuntamente  por los museos de Bellas Artes de Montreal y La Habana. En ella colaboraron todos los curadores del área de Arte Cubano de nuestra institución. Fue curada por Nathalie Bondil -directora de la institución canadiense- y se exhibieron más de 300 obras; sin duda, la más grande e importante muestra de arte cubano que ha tenido lugar fuera de la Isla, superior a la mítica exhibición realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1944. Dedicó salas a dos figuras esenciales de nuestra plástica como son Wifredo Lam y Marcelo Pogolotti y constituyó un verdadero reto para cualquiera que intente superarla en el futuro”, dijo.

¿Se siente satisfecho con la labor realizada en su especialidad?

“Francamente no. Lo que he hecho no es más que una gota dentro del formidable despliegue investigativo que realizan otros curadores, tanto del propio Museo Nacional como de otras instituciones. También es importante destacar la existencia de un grupo de ellos que trabajan con independencia al sistema de la plástica que vienen realizando una obra de alto nivel técnico y creativo. Desde el punto de vista de la labor museística queda mucho  por hacer y muchos artistas por rescatar del olvido.

“Entre las exposiciones que hemos trabajado en esta dirección tenemos la de Arístides Fernández, entre el olvido y la memoria, sobre una de las figuras fundamentales de nuestra plástica, cuya obra atesora, casi en su totalidad, el MNBA, y ha sufrido en distintos momentos una lamentable omisión. Otra exposición que se encuentra en esta sintonía es Samuel Feijoo, un sol desconocido, que pretendió rescatar la obra pictórica realizada en los años cuarenta y cincuenta por este magnífico poeta e intelectual cubano.

“También quisiera mencionar la muestra Mirta Cerra: entre lo clásico y lo moderno, en la que se dio a conocer, en una visión retrospectiva, los aportes que esta artista realizó a la plástica cubana, más allá de sus archiconocidos guajiritos y paisajes de La Habana”.

¿Qué recomendaciones o sugerencias le trasmitiría usted a las nuevas generaciones de curadores?

“Les diría lo mismo que trato de aplicar en mi vida profesional. Pienso que ante todo se debe estudiar con pasión la historia universal del arte y estar al tanto de sus expresiones contemporáneas y después su relación o no aplicadas a las circunstancias especificas de nuestra Isla. Revestirse de mucha paciencia y concentración analítica al abordar la obra de un artista, grupo de artistas o tema que se quiera trabajar; desarrollar la exposición a partir de una tesis bien elaborada y nunca de ideas preconcebidas.

“Sobre todo hay que tener una actitud muy modesta desde el punto de vista profesional, una ética estricta del trabajo. Recordar siempre que por más años de experiencia que tengas en esta profesión como curador, todos los días se aprenden cosas nuevas y por ningún motivo envanecerse ante cualquier logro”.   

El ensayo, la crítica de arte, el cine, ¿otras tres pasiones? 

“Buena parte de mi escaso tiempo libre transcurre entre la atención a la familia y a escribir para libros, como el ensayo Mariano Rodríguez en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana: esplendor y carencias de una gran colección; y Eduardo Abela: pintor cubano y universal, para un texto de este gran pintor cubano cuya presentación se realizará próximamente en el MNBA, ambas editadas por Ediciones Vanguardia Cubana”.

“Además he escrito sobre arte y cine cubanos para diversas publicaciones especializadas. El cine es mi otra pasión. Siempre me ha atraído el dibujo animado, al punto que hice mi tesis de grado sobre la evolución de esta expresión artística en Cuba. Hay una conexión entre ambas expresiones, en su aspecto plástico; es posible distinguir por sus diseños la obra de notables realizadores del cine de animación. En 1984 reuní estas expresiones artísticas en el MNBA, en una muestra de dibujos, diseños y carteles por el aniversario 25 del ICAIC.

 “Si la vida no me hubiera orientado hacia el trabajo de curador, seguramente hubiera estado vinculado de alguna manera al cine, el cual sigue siendo para mí una expresión artística apasionante”, precisó Cobas, quien se encuentra ya inmerso en los preparativos de dos grandes exposiciones para el 2011 en el MNBA: una sobre Amelia Peláez, y la otra por el centenario del natalicio de Felipe Orlando, un pintor cubano sobre el que se conoce muy poco en la Isla.

(1)    Jorge Rigol Lomba: Ilustrador, dibujante, grabador, historiador del arte, profesor.

Consagrado a los temas sociales y políticos, estuvo siempre, al decir de Juan Marinello “al servicio de las causas más nobles, de los mejores intereses de la comunidad y del hombre”.

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