ONÍRICA, DE AISAR JALIL, EN LA GALERÍA COLLAGE HABANA

24 01 2011

Por Jorge Rivas Rodríguez

│Fotos Yuder Lafita

La Tierra, finalmente, ha involucionado. Solo quedan animales mutantes y seres extraños que luchan por sobrevivir. Ineludible derivación de las calamidades que les fueron proporcionadas por el hombre: guerras, hambrunas, destrucción, odios, mentiras… que convirtieron al planeta azul en un aterrador y angustioso lugar. No se trata de la sinopsis de una película de ciencia ficción, sino del tema de Onírica, muestra personal de pinturas de Aisar Jalil Martínez (Camagüey, 1953), que hasta finales de febrero se exhibe en la galería Collage Habana, en la capital.

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A través de los personajes —en constante y enrevesada metamorfosis— que conforman el ya (re)conocido universo iconográfico del artista, en esta exhibición asistimos a una nueva inmersión, eminentemente lúdica, en asuntos reales del complejo mundo de este tiempo; reflexión audaz y crítica conducida mediante evocaciones plásticas representativas de los sueños. Discurso que encauza al espectador por un fabulario que parte desde el delirio de lo absurdo, hasta la instauración de dogmas con falta se sentido.

Es en esa “villana” intención estética, en premeditada confabulación con el bestiario de sus sueños, Aisar involucra al espectador en sus pesadillas, devenidas especie de furor o de locura colectiva en las que la pérdida de la razón y los convencionalismos autoritarios han aniquilado  ideas y culturas para retornar a la humanidad hacia el punto cero…  A fin de cuentas, Onírica es como un juego con la psiquis, travesuras pictóricas de quien ante todo quiere alertar sobre un (otro) posible destino de nuestra existencia.

Estos seres mutantes se diferencian de otros ideados por la creación artística universal —cine, televisión, dibujo, pintura…—,  los cuales  modifican su estructura biológica para adaptarse al entorno, como los personajes de  las películas de la célebre serie X-Men, que se transmutan con placer. Los protagonistas de estas pinturas, por el contrario, no asumen su transformación con gozo porque son víctimas de un entorno agresivo y violento.

Desde los comienzos de la civilización humana, el hombre sintió pánico frente a las alteraciones congénitas en los animales y seres humanos, las cuales han incitado explicaciones tan diversas como fantásticas; en tanto  han generado rechazo debido a que visualmente no son agradables e  inspiran temor. Pero los seres mutantes de Aisar no provocan aversión visual, más bien incitan nobles sentimientos, como compasión y pena, entre los espectadores  que asisten al encuentro de estas figuras que en extrañas conglomeraciones de especies indefinidas parecen clamar atención, danzar en torbellinos de ira, o evocar resignación… 

A veces, esos estados de ánimo están esencialmente subrayados en los fondos de los cuadros, concebidos con alucinantes paisajes  que, a diferencia de otras series, ofrecen la posibilidad de establecer disímiles composiciones narrativas que percibimos como fantástica simbiosis de lo real con lo irreal; armoniosa conjunción de la abstracción, la figuración expresionista, el dibujo y la ensoñación erótica —inevitable en el ideario estético de Aisar—, que devienen caprichosos guiños y provocaciones a la inteligencia del espectador, el cual es convocado a establecer infinidad de asociaciones en las que los símbolos y el uso del color sirven de apoyatura semántica.

Muchas de las figuras recreadas por el artista en estos lienzos han transitado largos caminos de transformaciones, con sublimes momentos  que  tienen como contexto expositivo los salones colaterales a las bienales de La Habana. En Onírica —integrada por unas 20 piezas concebidas después de la última—  encontramos conocidos personajes, algunos de ellos ausentes durante muchos años en estas historias que se nutren tanto de la experiencia personal del pintor como de los sentimientos y emociones de las gentes que conviven a su alrededor.

Historia de un caballo, Historias de las cosas de los hombres, La tempestad y la calma, El guardador del rebaño, …y hasta parece que sueñan, su más reciente exhibición en Holguín —junio del 2010—  son, en definitivas, críticos razonamientos del tiempo que le tocó vivir a este artífice que en cada una de sus series examina las huellas de la historia, de la cultura y de la sociedad contemporánea para recrear sus pictografías mediante un automatismo psíquico en su estado más puro.

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