ÁNGEL ORENSANZ: PENSADOR DEL MUNDO

16 03 2011

Por la Dra. Yana Elsa Brugal

En el espacio Las formas temporales, del Centro Wilfredo Lam, especialistas y público expresaron su admiración por la muestra del cortometraje La partida final, del artista  español de amplia proyección internacional, Ángel Orensanz, residente en  París y Nueva York.

Ángel Orensanz, artista  español de amplia proyección internacional

Ángel Orensanz, artista español de amplia proyección internacional

La figura del creador nos llega con fundamentados antecedentes. De tal suerte, Orensanz  ha sido caracterizado por preparar instalaciones por todo el mundo, con mensajes pacifistas y ecologistas, en emplazamientos relevantes para la Historia del Arte. En consecuencia, ha sido denominado como un escultor convertido en artista global y activista cultural, porque traspasa los límites de la escultura para adentrarnos en el territorio de la pintura, el dibujo, la performance, la fotografía y el video, puestos al servicio del activismo cívico en ciudades como Tokio, Moscú, Berlín y Nueva York, entre otros relevantes ámbitos de la cultura y el arte.

El artífice hispano cuenta con una extensa e intensa producción cinematográfica, a resultas de su cercanía artística y honda amistad con el clásico realizador Luis Buñuel. La filmografía de Orensanz se ha mostrado en eventos internacionales del celuloide, como Sundance, Mónaco, Tokio, Huesca y Pilas, Río Bravo o Cannes y, sólo meses atrás, en el Festival de Cine de La Habana.

El Tercer Festival Internacional de Montecarlo le otorgó su Premio al Cine Surrealista y No Violento por su cortometraje The Final Score (La Partida Final), filmado por Orensanz en la costa Oeste de Gales en julio del 2007. El cineasta toma como referencia escenas del filme El séptimo sello, de otro clásico: el sueco Igmar Bergman. El director hispano vio las semejanzas entre la costa de Machynlleth cuando se encontraba realizando una exposición  retrospectiva en Francia y Hovs Hallar, la costa escabrosa de Suecia, sitio en que Bergman desarrolló las secuencias de  El séptimo sello en 1956.

En este original corto, vuelca sus obsesiones, utilizando respuestas ideoartísticas que lo asemejan al video-arte en su estética y como forma de incesante búsqueda de tópicos a  problemas sociales de la actualidad.

Así, Orensanz comentaría: «…parece que grandes segmentos de la población vive hoy en día la frustración y la ansiedad, porque ahora, por el caos político y la arremetida ecológica [se] percibe en todo el planeta». En definitiva esa preocupación concuerda con la del gran cineasta sueco, quien se desvelaba por tratar esenciales problemas humanos, como la soledad y el hombre ante la muerte.

El complejo universo de Bergman, como su producción cinematográfica (denominada como ejercicios de pura introspección), son captados artísticamente por Orensanz para partir hacia su propia  creación, en la que arte y realidad, imagen plástica y naturaleza se conjugan en un intercambio ininterrumpido de señales y códigos que aluden al El séptimo sello, a la vez que obtiene autonomía en el transcurso de la narración audiovisual.

Como el filme sueco (que no intentaba ser un reflejo realista de la época medieval), Orensanz se apresta desde el inicio de la cinta, con una secuencia en la que aparece el artista fotografiando (en medio de la naturaleza, a la orilla entre la tierra y el mar) en un gesto de incorporación de los sucesos a mostrar y exponiéndose al punto de vista personal de los hechos.

La narración secuencial está seccionada por sugerentes textos, alusivos al profundo humanismo de la vida que dan continuidad a la acción, a la vez que recontextualiza las figuras, las imágenes diluidas, la simbología con múltiples lecturas de las máscaras que lideran principio y final del video, como el obligatorio recurso del tablero de ajedrez en un reto de vida y muerte: el juego de la existencia.

Encontramos actualidad en el filme  también en recursos como la selección de colores y la sugerente música de Erik Nordgren, que nos  mantienen en una constante alerta a la que estamos sometidos, aún  en el siglo XXI, como el significado de  la guerra  y sus consecuencias, el cuidado a la naturaleza  y el temor a que desaparezca la poesía.

El infatigable Ángel Orensanz, quien en 1986, creara la institución «Ángel Orensanz Foundation» en New York, nos sorprende de vez en vez con sus óptimas creaciones y, entre ellas, las recientes producciones cinematográficas: Poetics of Speed, River of fiver y Utah, New York, París (Orensanz in the Snow) que lo convierten en un pensador del mundo y, a partir de esta muestra, por primera vez en Cuba, lo acerca ya a nuestra tierra.

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17 03 2011

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