FALLECIÓ JORGE CAMACHO, RECONOCIDA FIGURA DE LA TERCERA GENERACIÓN DE PINTORES CUBANOS

5 04 2011

Por Redacción de Espejo impaciente

Fatídica noticia ocupó espacios de la prensa internacional, esta semana: el fallecimiento en París, el pasado miércoles 30 de marzo, de Jorge Camacho (La Habana, 1933), un reconocido creador perteneciente a la llamada Tercera Generación de pintores cubanos,  sensible al impacto de las múltiples corrientes abstractas que por entonces recorrían el mundo.

Jorge Camacho (La Habana, 1933), un reconocido creador perteneciente a la llamada Tercera Generación de pintores cubanos

Jorge Camacho (La Habana, 1933), un reconocido creador perteneciente a la llamada Tercera Generación de pintores cubanos

Denominado “El último gran surrealista” falleció a los 77 años tras una larga enfermedad que lo tenía apartado del mundo cultural desde 2009.

Camacho se afincó en París en 1959. Allí  entró en contacto con André Breton quien todavía encabezaba el movimiento surrealista, participando en algunos de sus últimos proyectos, como la XI Exposición Internacional del Surrealismo, L’Ecart Absolu, celebrada, en 1965, en la Galería L’Oeil de la capital francesa. Bretón llegó a escribir los textos de una de sus muestras parisinas.

Su vida transcurrió por todo el mundo, realizando distintas actividades relacionadas con la pintura, la ilustración, la poesía y la fotografía. En 1975 se instaló en los Pajares, término de Almonte y en la misma raya de la marisma de Doñana, en España. Allí pasaba gran parte del año  junto con su esposa Margarita.

En el año 1967 regresó a Cuba para participar en el afamado Salón de Mayo, ocasión en que conoció al escritor Reinaldo Arenas, con el que estableció estrecha amistad,  y realizó una exposición personal. Al retornar a Europa se interesó  por el estudio de la alquimia, investigaciones de las que poco después recreó en sus pinturas. Igualmente se interesó por la música y por el ejercicio de la literatura; entretenimientos que alternaba con la pintura y el conocimiento de las aves, interés posiblemente incentivado por sus vivencias en Doñana, un espacio natural protegido, situado en Andalucía, España, el cual  posee una extensión de 53.709 hectáreas y en cuyas marismas durante el invierno emigran numerosas especies de aves acuáticas, que suelen alcanzar cada año los 200.000 individuos.

Desde que fijó su residencia en Los Pajares, Camacho se alimentaba de los paisajes mágicos de Doñana para pintar y preparar sus exposiciones, la mayoría de las cuales presentaba en París.

“Esa primera aproximación a una Doñana que comenzaba a tomar una posición de privilegio como referente de naturaleza en todo el mundo, provocó en el autor la decisión de fijar una residencia en el término municipal de Almonte”, explicó a la edición digital de El Mundo (www.elmundo.es)  Juan Bautista Cáceres, director de la Pinacoteca de esta localidad, que tiene dedicada una de sus salas a Jorge Camacho.

Mediante un cuidadoso tratamiento de la línea y el color, las iconografías de Camacho se nutren de elementos “profundamente enraizados en su inconsciente, provenientes de una suma de tradiciones y culturas americanas cuyos rituales y rasgos distintivos se evidencian en el misterioso metamorfismo de sus seres y en la utilización de insólitas configuraciones óseas y estructuras con marcado carácter totémico”.

En una entrevista con el pintor, realizada en octubre de 2007 por el colega , crítico,  profesor, reconocido especialista en arte surrealista, Fernado Martín Martín, Camacho precisó:

“El Surrealismo me reveló un mundo perfectamente imaginativo (…) el Amor, la Libertad, la Poesía, son sus postulados fundamentales”. Con estas afirmaciones inicia el primer interrogante al cuestionario presentado a Jorge Camacho, artista cubano que reparte su existencia física entre París y Almonte (Huelva) desde hace más de veinte años. Dualidad geográfica plausible de interpretar como equivalencia vital de un creador que materializa a través de sus obras un modo de entender la vida, puesto que el Surrealismo antes que ser una expresión plástica o literaria es una actitud frente a las contingencias, algo que no siempre se tiene presente al acercarnos a aquello calificado como “surreal”, es un medio, no es un fin, una predisposición hacia una plenitud, un anhelo de aquello que aspiramos”.

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