DOS GRANDES DE LA CULTURA CUBANA: GUY PÉREZ-CISNEROS A TRAVÉS DE LA PALABRA DE LEZAMA LIMA

18 07 2011

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Por Jorge Rivas

Gracias a lagentileza , de su hijo Pablo, hemos recibido un interesante artículo poco conocido sobre el emblemático diplomático, periodista y crítico de arte cubano Guy Pérez-Cisneros (París, Francia, 7 de junio de 1915 – La Habana, 2 de septiembre de 1953) escrito por uno de sus más allegados amigos, otro grande de la cultura en la Isla, José Lezama Lima (José María Andrés Fernando Lezama Lima, La Habana, 19 de diciembre de 1910 – 9 de agosto de 1976) connotado escritor, poeta y ensayista.

 

El texto escrito desde enero de 1956 por el autor de Paradiso, fue publicado 32 años después en la página número 34 del  Número 2 de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), de La Habana. Presumiblemente estuvo inédito hasta entonces. En esta oportunidad ponemos a consideración de nuestros lectores las pertinentes valoraciones de Lezama sobre ese gran hombre prematura y repentinamente fallecido, a los 38 años de edad, dejando inconclusa una admirable obra especialmente dirigida a despertar una sensibilidad nacional hacia la cultura que debía ayudar a regenerar el viciado clima político y social del país y conducirlo hacia un destino mayor.

 Antes de que apareciera la revista Orígenes, publicación sin precedentes en la cultura de la Isla, Lezama Lima trabajó en la edición de tres importantes publicaciones: Verbum, Espuela de Plata y Nadie Parecía, las cuales  abrieron el camino, como “pequeños talleres renacentistas” mantenidos a fuerza de tesón e inteligencia, que después permitieron la aparición de ese gran taller que fue Orígenes. En tal empresa estuvo siempre presente la pluma e intelecto de su gran amigo Guy Pérez-Cisneros.

 Verbum  fue el órgano oficial de la Asociación de Estudiantes de Derecho, carrera de la cual Lezama se graduó en 1938, y fue también el signo inaugural de una generación que poco después se iría consolidando en torno a la figura del poeta. Solamente aparecieron, de manera irregular, tres números, el primero en el mes de junio. Como director aparecía René Villanovo, en tanto el futuro autor de Enemigo rumor  fungía como secretario. Entre los miembros de su consejo de redacción figuraron Guy Pérez Cisneros y Antonio Martínez Bello, quienes, posteriormente, se destacaron, el primero, como crítico de arte, y el segundo como estudioso de la obra de José Martí. De los más tarde llamados origenistas colaboró en la publicación Ángel Gaztelu, aunque también figuraron las firmas de Emilio Ballagas, Eugenio Florit, Ramón Guirao, Juan Ramón Jiménez y del propio Lezama, que dio a conocer en su número inaugural el ensayo El secreto de Garcilaso, donde ya cobra espacio lo que se convertiría en una constante de su pensamiento en torno a su posición contraria a todo dualismo y la apetencia de una “solución unitiva”.

 Espuela de Plata dio a conocer su primer número en el bimestre agosto-septiembre y utilizó como subtítulo, a partir del segundo número, “Cuaderno bimestral de arte y poesía”. Lezama Lima vuelve a atraer a su cuerpo de dirección a Guy Pérez Cisneros e incorpora al pintor Mariano Rodríguez. Contó con una especie de comité de colaboración donde figuraron músicos, poetas, pintores: Jorge Arche, José Ardévol, Gastón Baquero, René Portocarrero y Cynthio [sic] Vitier, a los cuales se unieron posteriormente Manuel Altolaguirre, Eugenio Florit, Amelia Peláez, Virgilio Piñera y Ángel Gaztelu. Su corta existencia no impidió que la publicación continuara cohesionando, como lo había hecho Verbum, pero ahora con mayor presencia, al grupo que alcanzaría total unidad algunos años después teniendo como centro a Orígenes.

Sus páginas estuvieron dedicadas fundamentalmente a difundir poesía, pero también aparecieron cuentos, trabajos de crítica literaria y de arte, así como dibujos y viñetas de los pintores adscriptos al movimiento origenista. Tuvo la peculiaridad de que todos los trabajosy traducciones aparecidos eran inéditos.

Además de la firma de Guy, seguidor  fiel  de las grandes proezas por la cultura cubana emprendidas por su amigo  Lezama, en Espuela de Plata también colaboraron, además de los ya citados, Mariano Brull, Emilio Ballagas, Ramón Guirao y Enrique Labrador Ruiz y los españoles Juan Ramón Jiménez, José Ferrater Mora, Jorge Guillén, Pedro Salinas y María Zambrano.

Nadie Parecía. Cuaderno de lo bello con Dios fue el título de la tercera revista auspiciada por Lezama, unido ahora en la nueva empresa a Ángel Gaztelu. Su primer número apareció en septiembre y como Espuela de Plata publicó poesías cubanas y extranjeras, traducciones, artículos literarios, dibujos, narraciones y fragmentos de obras de la literatura universal. Colaboraron en ella, además de sus directores, José Rodríguez Feo, Eugenio Florit y Eloísa Lezama Lima, entre otros.

 La raíz de estas revistas y de Orígenes, como ha dicho el propio autor de Paradiso, está en  “la amistad, el trato frecuente, la conversación, el paseo inteligente. Estábamos muy al lado de los pintores (…) y de los músicos. Esta amistad estaba por encima de hacer o no hacer revistas, porque las revistas fueron desapareciendo y la amistad ha subsistido”.

 Sin más preámbulos, ofrecemos a nuestros lectores el texto amablemente remitido a nuestra redacción por el amigo Pablo, hijo de Guy Pérez-Cisneros.

 GUY PEREZ-CISNEROS

 Por José Lezama Lima

 En 1943, en “El Anuario Cultural de Cuba”, en la sección de Artes Plásticas, Guy incluyó su “Museo Imaginario”.  Este era una versión de Guy en la cual expondría las obras que a su juicio merecían estar colgadas en ese Museo.  De Mariano Rodríguez colgaría su “Autorretrato” de la época de tierras y verdes.  “El Gallo Pintado”.  “Desayuno con Plátanos y Bañistas”.  De las obras de René Portocarrero colgaría: “Sus catedrales”, “Ángeles”, “Mariposas”, “Festines”, “Escenas de la Crucificación”, y por último, “Interiores del Cerro”.  Mario Carreño estaría representando en toda su ciencia constructiva del Renacimiento Italiano, con sus obras “Alerquín”, “Danza Afrocubana” y “Cortador de Cañas”.  De Carlos Enríquez escogió la obra “Entierro de la Guajira”, de la cual dijo: “Es uno de sus cuadros de más honda emoción, fina mezcla de costumbrismo realista y de ensueño erótico” y también, la obra: Los Carboneros”, sobre este último expresa lo siguiente: “En el hay algo de defensa del proletario y mucho de los bellos reflejos de la luz antillana”.  De Víctor Manuel colgaría su “Gitana Tropical”, obra clásica de la pintura moderna cubana.

 No obstante haber sido Guy Pérez-Cisneros identificado siempre como crítico de la pintura moderna cubana, sin embargo, hizo también crítica sobre escultura, mostrando un amplio conocimiento de las leyes de este arte.

 La amistosa convivencia que tuvo Guy con los iniciadores del resurgimiento de la nueva escultura cubana, le hizo conocedor del proceso del desarrollo de la misma a partir del año 1938, y como esta se empeñaría en nuevos rumbos, surgiendo de raíces de plantad vitalidad y posesiva fuerza de presencia.  Desde entonces la escultura cubana clamaría por igualdades a la par con su hermana la pintura.

 Para el año  1941, en ocasión de celebrarse en La Habana ”La Segunda Conferencia Americana de Comisiones Nacionales de Cooperación Intelectual”, se llevó a cabo en el Capitolio Nacional, una exposición de pintura y escultura que se llamó “Arte Cubano Contemporáneo”, coincidiendo con esa exposición, Guy publicó un artículo en la revista “Grafos” titulado “Lozano y la Escultura”.  En junio de 1944, en el Lyceum Lawn Tennis Club se celebró una exposición que se denominó “Presencia de Seis Escultores”, habiendo sido Guy uno de sus propulsores, además de tener a su cargo la redacción del catálogo.  En este hace juicio de la escultura y, entre otras cosas, dijo lo siguiente: “en todo lugar que pueda estar el ojo, ha de partir un seguro y cómodo camino hacia la obra capital del cosmo espacial.  Esta coincidencia en lo infinito, esa batalla que ha de ganarse para todos y cada uno de los puntos del espacio, hacen de la escultura el arte mas difícil, el menos explicable, y el que encierra mayor misterio.  Con la pintura, la literatura, la música, basta con una sola solución.  Con una sola buena solución.  Aquí hace falta mil y una, todas excelentes”.

Con motivo de esa exposición, Guy escribe un artículo para la revista “Grafos”, en la cual, entre otras cosas, decía lo siguiente: “las artes en Cuba andaban cojas; faltaba, cuando se pasaba lista, la escultura, había, eso sí esculturas y escultores, pero diseminados, regados, heterogéneos”.

 Con la exposición “Presencia de Seis Escultores “, la nueva escultura cubana diría presente al pasar de lista…Y continúa Guy:  “Con esta exposición tenemos la presencia, el estilo no estilizado; sentimos que se ha llenado un vacío, con una fuerza redonda y consistente, con una obra de brazo cubano”.

 En la exposición “Presencia de Seis Escultores” formaron parte: Roberto Estopiñán, Rolando Gutiérrez, Rodulfo Tardo, José Núñez Booth, Eugenio Rodríguez y Alfredo Lozano.

 Víctor Manuel fue un continuo enamorado de la estética de su pintura, llegando a hacerla inmóvil, diciendo que era la mejor forma de ser más Víctor Manuel, y a propósito de esto escribió Guy: “Y su obra toda semeja el curso del río que roe con obstinación paciente la superficie de las cosas en un curso de noble fijeza, pero que siempre encuentra la misma configuración, el mismo estrato, más y más definida”. 

 Guy guardó siempre una especial simpatía y admiración hacia la personalidad  del pionero de la pintura moderna cubana, atrayéndole su gran calidad humana y su ejemplo de artista puro; del cual decía: La belleza y sabia estabilidad de un Víctor Manuel”.

 Cuando en 1942, el pintor Mario Carreño regresa a Cuba, luego de larga ausencia; expone su obra en la Sociedad Lyceum de La Habana.  En esta exposición nos muestra una pintura con temas y elementos nuevos distinguiéndose por su presencia cultural antillana.

 En este nuevo acontecer pictórico, Carreño dirige su mirar plástico recreándolo con propiedad en temas de cálido trópico.

 

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Guy, luego de visitar la exposición con objetiva visión crítica, define la obra de Carreño diciendo:  “La voluntad de clasicismo se trueca en delicadísima gracia cuando el pintor se topa con los jugadores temas del trópico, la fruta pulposa, el cuerpo de piel que absorbe, descompone la luz como curiosísima prisma; las formas repetidas, repleta  regordetas, retorcidas, sembradas con risueños hoyuelos.  Encuentro inesperado y muy bien salvado por Carreño, es hallar bajo ondulante sensualidad de  mestizo, el puro perfil de la Venus de Milo”.  Con estas palabras, Guy retrata ese gran momento de la pintura de Mario Carreño, ante su retorno de hijo pródigo a su escenario tropical.

 

 

 

 

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